Primera parte
Cuando nací – ya hace 23 años – nunca imaginé que lo más difícil del mundo sería precisamente aquello que disfrute cuando nadaba en ese líquido maravilloso llamado amniótico; a lo que me refiero es a la relación que estableces con tu madre durante 9 meses, es decir, que eso de relacionarse con las personas se convertirá en una de las cosas más difíciles del mundo (si no es que la más). Cuando nacemos las cosas no son fáciles, desde que salimos y tenemos que respirar y abrir los pulmones, hasta aguantar ese golpecito del médico cirujano y la molesta cosa para sacar tus mucosidades. Pero después de ello llega a tu vida la mujer más maravillosa que conocerás en tu vida, la primera y única: tu madre.
Y pues bueno, a partir de ahí empieza un camino sinuoso de aprendizajes y retos, un camino que según los científicos se nos facilita con las millones y millones de conexiones sinápticas que logramos y que tenemos al nacer y durante los primeros años de vida: el aprender a hablar, caminar y hasta llorar para conseguir lo que queremos son parte de ese camino fácil.
Cuando hablo de relaciones interpersonales me refiero en general al establecimiento de una comunicación que puede o no trascender las barreras físicas, llegando hasta el plano abstracto de las reacciones llamadas sentimientos. En esta última relación me concentraré.
Y es que ¿no han notado que cada día es más difícil mantener este tipo de relación?, en un mundo donde las mujeres y los hombres han cambiado como parte de una evolución lógica las relaciones interpersonales tienen semejanzas y diferencias; lo único seguro en esto es que - a mi parecer - será lo más difícil del mundo...