Septima Parte
(7a Parte)
La ausencia de algo definitivo en el centro de la vida empuja a buscar una satisfacción momentánea en excitaciones, satisfacciones en actividades continuamente nuevas, lo que nos induce a una falta de quietud y de tranquilidad que se puede manifestar como el tumulto de la gran ciudad, como la manía de los viajes, como la lucha despiadada contra la competencia, como la falta específica de fidelidad moderna en las esferas del gusto, los estilos, los estados de espíritu y las relaciones.
Georg Simmel, La Filosofía del Dinero.
En un mundo donde estamos en constante movimiento y lo efímero parece eternizarse, nos encontramos frente al dilema de las relaciones interpersonales; por un lado la necesidad de cambio en nuestras vidas nos conduce a la movilidad interpersonal de las relaciones sociales, moviéndonos en distintos campos físicos que pueden o no estar unidos por un lazo sentimental. Sin embargo en esa búsqueda constante de lo efímero nos hayamos frente a otra necesidad de encontrar a nuestra “otra mitad” o “media naranja”, la necesidad de eliminar la incertidumbre del cambio y del movimiento.
Por lo tanto, ¿ se es fiel al amor? o ¿el amor es fiel? La primera pregunta es uno de los escudos que sirve de referente para aquellos que sostienen la tesis del poliamor, para otros es solo una frase vacía. La segunda pregunta nos lleva por un camino más sinuoso e incluso tormentoso, dónde mujeres y hombres aun no se ponen de acuerdo.
Mucha de nuestros referentes respecto al amor nos conducen a pensar que el “amor verdadero” es fiel y para siempre. La temporalidad y el compromiso son factores indisolubles del amor, la forma en la que lleguemos a comprenderlos puede ser la clave para trascender barreras tangibles.
Hoy en día es difícil conservar (en el mundo de las instituciones) las relaciones interpersonales. Ello se muestra en el aumento en el porcentaje de divorcios respecto al número de matrimonios, que según el INEGI aumentó del 3% en 1970 hasta llegar al 11% en el 2004, tomando en cuenta que aún los matrimonios disminuyeron en número. Esto sin contar aquellas parejas que se separan o se unen en las llamadas “sociedades de convivencia” que hasta hace poco fueron “legalizadas” en el Distrito Federal.
Por otro parte, el desarrollo individual de las mujeres (sobre todo) ha cambiado de manera sustancial la perspectiva del matrimonio, ya que en la actualidad muy pocas mujeres tienen al matrimonio como factor apremiante de su proyecto de vida. Hecho alimentado por los cambios sociales, económicos y culturales, donde el papel de la mujer trastoca la tradición de “lo viril”.
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Aunado a esto, el hombre se enfrenta a una sociedad donde cuantitativamente la mujer empieza a dominar, alentada y respaldada incluso por políticas internacionales (cabe destacar la “Discriminación positiva” de la ONU). Por otro lado, las estadísticas muestran el constante crecimiento de la mujer en el nivel educativo, así como en la participación de las economías local y nacional.
Todo ello ha inducido al hombre”viril” a refrendar su dominio sobre la mujer atendiendo a patrones de infidelidad, patrones que día a día son más importantes para las mujeres. Todavía nuestras abuelas, madres e incluso familiares de 30 años permiten en su mayoría patrones de infidelidad, ligados principalmente a la co-dependencia social y económica. Sin embargo, nuestra generación fémina ya no permite dichas conductas destructivas de las relaciones interpersonales; cada día son más las mujeres que cuentan con una seguridad personal que les permite liberarse de las instituciones masculinas. Pese a ello se enfrentan a un dilema más, la búsqueda constante de la pareja ideal o la inhibición de dichos sentimientos que son sustituidos por el reconocimiento social de sus referentes individuales como mujeres. Aun es discutible creo yo, el camino que esta decidiendo la mujer.
¿Cómo es posible la conformación de una pareja cuando todos estos procesos sociales se contraponen y alimentan una nueva estructura de las relaciones interpersonales? ¿es posible integrar el nuevo papel de la mujer con una nueva dinámica de lo masculino?
Ello es sin duda la responsabilidad de una dualidad que encuentra en sus diferencias el camino hacia la trascendencia de las instituciones creadas de facto por y para el hombre .
Porque un verdadero pacto debiera ser tanto un contrato sexual (C. Pateman, The sexual contract) como social en el que se establezca la independencia del hombre como la independencia de la mujer(Cfr. Ibid.).
Una interesante encuesta sobre las relaciones interpersonales la podemos encontar en: http://www.sociologia.uson.mx/work/resources/LocalContent/38438/1/encuestasobresexoenmexico.pdf